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Hipócrates

Los escritos médicos que poco a poco fueron llegando a la gran biblioteca de Alejandría desde principios del siglo III a. C. venían bajo el nombre de hipocráticos, lo que hizo que el personaje se fuera magnificando y cobrando más y más celebridad. Desde entonces y hasta el siglo XIX esos escritos y los comentarios que se le iban añadiendo fueron considerados la piedra fundacional de la medicina occidental, cuya teoría y práctica se nutrió de ellos a lo largo de los siglos. Y fue de esa manera como Hipócrates entró en la Historia de la Medicina.

Sin poder trazar una frontera clara entre la verdad histórica y la leyenda, los hechos más renombrados de su biografía son: nace en la isla de Cos, junto a la costa de Asia Menor, el año primero de la Olimpiada 80, 460-459 a. C., en el seno de la familia de los Asclepíadas. Algunos historiadores lo sitúan en la generación número diecinueve después de Asclepio, otros en la decimoséptima. Hijo y nieto de médico recibió su educación en el interior mismo de la familia, puesto que lo normal era que los conocimientos se trasmitieran de padres a hijos como puede deducirse del propio Juramento Hipocrático. En esta época la enseñanza debió de ser básicamente oral y práctica, aunque no se descarta que ya pudiera existir una tradición escrita salida de su familia; pero de eso no tenemos ninguna constancia.

En su isla natal comenzó a ejercer la medicina y allí se casó y tuvo tres hijos; los dos varones fueron también médicos y la hija se casó con Pólibo, médico discípulo de su padre. Según sus biógrafos, desde muy pronto empezó a ser conocido. Tras la muerte de sus padres Hipócrates abandona su isla, posiblemente atraído por la idea de enriquecer su experiencia en otras regiones. Una de sus obras más importantes, el escrito sobre los aires, aguas, lugares, refleja la doctrina central de que el medio natural tiene una enorme influencia sobre la salud y la enfermedad. De ahí que, en opinión de Galeno, nuestro médico sintiera la necesidad de hacerse itinerante. Naturalmente lo hizo después de haber enseñado a sus hijos y de haber dejado la responsabilidad de la escuela a su yerno Pólibo. Esto ocurre en torno a la penúltima década del siglo V a. C. Se instala en Tesalia sin que nos conste en qué lugar exactamente, pero desde donde rápidamente se expande su fama hasta rebasar fronteras. Lo más normal debía ser que formara parte de esos médicos viajeros que no se asentaban en una ciudad por mucho tiempo. No obstante, sí está prácticamente probado por los datos que aportan, sus Epidemias, que las ciudades recorridas estaban en un área comprendida dentro de la región de Tesalia o en su entorno en la Grecia del norte.

Tras una larga carrera en la que acreditó una personalidad y talla moral excepcionales, Hipócrates muere en Larisa, Tesalia, a una edad avanzada entre los años 375-351. Su tumba se sitúa en Tesalia y el epitafio literario que se nos ha conservado dice así “Aquí descansa Hipócrates el tesalio, originario de Cos, el que, nacido de la raza del inmortal Febo erigió innumerables trofeos derrotando a las enfermedades con las armas de Higiea y consiguió una enorme gloria, no por azar, sino por su ciencia”.

EL CORPUS HIPPOCRATICUM

La tradición nos ha hecho llegar el Juramento como una obra perteneciente al Corpus Hippocraticum. Dicho Corpus se define como una colección de obras de tema médico, alrededor de sesenta y cuatro, de cuya autoría no se había dejado constancia escrita, es decir, venían sin firma. Al considerar Galeno, el gran médico de Pérgamo del siglo II d. C., que algunos escritos podían ser genuinos de Hipócrates, pero que otros muchos eran de dudosa atribución, puso en marcha la llamada “cuestión hipocrática” que no ha dejado de plantearse hasta nuestros días. Desde un punto de vista literario y de contenido, la colección se definiría como un conglomerado de textos de muy diferente estilo. En ella se encuentran obras muy heterogéneas por su naturaleza y alcance: Desde el tratado con cierta intención literaria, hasta los apuntes y notas sueltas, como quien dice a medio elaborar, pasando por historiales clínicos, conjuntos de máximas y aforismos, extractos de otras obras, resúmenes y compendios para uso exclusivamente personal, o a lo sumo, de utilización interna dentro de la escuela. Algunos pueden ser textos para médicos, pero otros van también dirigidos a estudiantes, a profanos o a un público interesado en general. Y, aparte del tema, otro punto que todos ellos tienen en común es la lengua: los tratados están escritos en el dialecto jonio, lengua utilizada por la ciencia griega.

EL JURAMENTO HIPOCRÁTICO

Juramento es el escrito más breve del Corpus Hippocráticum aunque es uno de los que por su excepcionalidad, ha sido más estudiado. Prácticamente todas las listas antiguas de libros de la Colección lo incluyen, y, además, se encuentra citado en las biografías de Hipócrates, en numerosos manuscritos y en la mayoría de las ediciones a partir del Renacimiento. La posteridad ha visto en él la síntesis más elevada y densa de lo que la Antigüedad, y más concretamente la medicina hipocrática, tenían que decir sobre el comportamiento del médico. El ideal ético en medicina que nos ofrece este documento griego ha seguido siendo válido durante muchos siglos, haciendo sentir su influjo sobre la deontología médica occidental. En ello la Iglesia católica jugó un papel importante al aceptar y generalizar este juramento: el Papa Clemente VII lo prescribía en la bula Quod jusiurandum de 1531, a los que obtenían el grado en medicina. Y todavía en el año 1948 la Asociación Mundial de Médicos adoptó este juramento como base de sus formulaciones deontológicas.

Maria Dolores Lara Investigadora helenista del CSIC