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Michel Marty

Artesano colorista francés y uno de los últimos iluminadores del siglo XXI, trabajó con Liber Ediciones en dos de sus obras más importantes, la Botánica de Lamarck y el Códex Calixtinus.

La Botánica, compuesta por doce volúmenes, incluía mil láminas coloreadas a mano. Con un tiraje de doscientas colecciones, supuso más de doce años de intenso trabajo para dar luz a cada una de las doscientas mil láminas que incluían la edición completa. En total, deberieron fabricarse 7.100 plantillas.

En el caso del Códex Calixtinus, el maestro Marty, iluminó casi cuatrocientas miniaturas en cada colección de la edición.

La técnica empleada por Michel en ambos casos fue el “pochoir” (plantilla de estarcido), una técnica artesanal ya desaparecida prácticamente en nuestros días.

En la Antigüedad, fue utilizada por todas las civilizaciones, desde China a Japón, desde Persia a Europa, pero apenas quedan muestras de aquellos trabajos, por la fragilidad de las plantillas.  Griegos y romanos la usaron para repetir los motivos decorativos de sus frescos y durante los siglos XIII y XIV se utilizaron en las iglesias y castillos medievales europeos. A partir del s. XV se emplearon para decorar muebles y techos de madera, y a partir del s. XVII se trasladó la técnica a los papeles pintados a mano que reemplazan poco a poco a las tapicerías demasiado costosas, en la que los japoneses eran los máximos expertos, (los primeros testimonios conocidos en este país se remontan a los siglos VII y VIII).
Utilizado sobre todo en la decoración de interiores, el estarcido también servía para realzar el color de algunos libros antiguos, sobre todo en China, en donde lo encontramos unido a la utilización de madera grabada. En Francia, los primeros libros impresos, de la época del Renacimiento, hicieron desaparecer poco a poco a los copistas. Las maderas y cobres grabados y la tipografía permitieron entonces imprimir dibujos que ilustraban ciertas obras. El estarcido encontró su lugar espontáneamente en el coloreado y, si persistió, cerca de él estaba el que hoy llamamos colorista.

La técnica consiste en tres pasos diferenciados: en primer lugar, se imprime en negro sobre papel el dibujo a colorear. Se debe preparar tantas plantillas como tintes y matices haya que reproducir. En los calcos se marca el contorno de cada color retenido, y éste se fija en una delgada lámina de zinc o de aluminio. Luego se recortan los contornos con una fina punta de acero fijada en un mango de madera; proceso en el que se debe ser muy minucioso, porque algunos trazos apenas tienen un milímetro.

La siguiente fase es el color. El artista (en el caso del Códex Calixtinus) o los expertos académicos (en el caso de la Botánica), deben realizar las indicaciones pertinentes y, sobre ellas, el maestro iluminador selecciona los tintes adecuados para lograr el color deseado en cada hoja, en cada detalle. Para las obras de Liber Ediciones, se utilizaron pigmentos muy escogidos, gouaches y acuarelas de primera calidad.

Plantilla tras plantilla, color tras color, el artesano da vida al dibujo gracias a un sistema de meticulosa demarcación, colocando con precisión la plantilla sobre la prueba que hay que colorear y utilizando una brocha o pincel de seda de cerdo que sólo mediante una gran destreza manual evita que la tinta se corra.